

En el marco del 22 de abril, Día Internacional del Vértigo, vale la pena recordar que el vértigo no es “solo un mareo”, es un síntoma que puede ser incapacitante, generar ansiedad y afectar profundamente la vida cotidiana. Pero también es un síntoma que tiene explicación, diagnóstico y tratamiento.
Subestimar al vértigo es una delicada acción que desde la práctica clínica, no deja de inquietar. A diferencia de otras condiciones que parecen tener temporadas más marcadas, el vértigo no descansa: no reconoce meses ni estaciones. Está presente todo el año, afectando a personas de distintas edades, aunque con mayor frecuencia en adultos mayores debido al deterioro natural del organismo. Sin embargo, sería un error pensar que es un problema exclusivo de la vejez. El vértigo también aparece —y con fuerza— en adolescentes y adultos jóvenes. Las causas son múltiples: caídas, traumatismos craneales, uso de medicamentos, infecciones virales, antecedentes hereditarios, cefaleas o patologías del oído, entre muchas otras. Es, en definitiva, un síntoma transversal que no discrimina.
El vértigo no es simplemente “sentirse mareado”. Es una sensación de giro, una alteración del sistema de equilibrio que tiene su origen, en la mayoría de los casos, en el oído interno. Puede venir acompañado de náuseas, vómitos e incluso caídas, dependiendo del estado de salud de la persona. Aun así, muchos pacientes tienden a normalizarlo, atribuyéndolo a una baja de presión, al cansancio o a una mala alimentación. El resultado: automedicación y consultas tardías. Y ahí radica uno de los principales problemas; el vértigo no es solo una molestia pasajera, es una señal de alerta. Ignorarlo no hará que desaparezca, por el contrario, puede retrasar un diagnóstico oportuno y un tratamiento adecuado. En la consulta, es frecuente ver cómo un síntoma inicial leve —un vértigo al girar la cabeza— evoluciona con el tiempo hacia una limitación importante: pacientes que evitan moverse, que temen inclinarse, que deben acostarse lentamente o incluso dormir semisentados. Muchos recurren a soluciones caseras o ejercicios encontrados en internet, sin una evaluación profesional previa.
La buena noticia es que sí existe tratamiento. Detrás del manejo del vértigo hay un equipo multidisciplinario capacitado para evaluar, diagnosticar y tratar estos trastornos. Médicos otorrinolaringólogos, fonoaudiólogos especializados en audiología y tecnólogos médicos con mención en otorrinolaringología trabajan en conjunto utilizando herramientas diagnósticas específicas y programas de rehabilitación vestibular, que permiten recuperar el equilibrio y mejorar significativamente la calidad de vida.
El mensaje es simple, pero urgente: no estás solo. El vértigo no siempre es estrés. Reconocer los síntomas a tiempo, evitar la automedicación y consultar con profesionales puede marcar la diferencia entre vivir limitado o recuperar la estabilidad.
Fonoaudiólogo Andrés Navarro
Unidad de Otorrinolaringología del Centro de Salud La Colina
Universidad Austral de Chile, sede Puerto Montt