

Cada año, las estadísticas de salud en Chile nos arrojan una cifra que, por su cotidianidad, parece haber perdido su capacidad de espanto: entre el 30% y el 60% de las personas mayores de 65 años sufrirá al menos una caída. Lo que a menudo se despacha como un «accidente propio de la edad» es, en realidad, un drama de salud pública: una de cada diez de estas caídas termina en fracturas, hospitalizaciones o, en el peor escenario, la muerte. Una caída no es solo un evento físico; es el inicio de un círculo vicioso de miedo, inmovilidad y aislamiento que despoja al individuo de su autonomía. Sin embargo, seguimos fallando en el diagnóstico de base porque ignoramos un factor silente: el origen vestibular.
En este 22 de abril, Día Internacional del Vértigo, la comunidad científica mundial hace un llamado a visibilizar las condiciones que afectan nuestro equilibrio. En Chile, este llamado debe transformarse en acción. La evidencia es abrumadora: se estima que hasta el 50% de las personas mayores de 60 años presenta algún grado de pérdida vestibular, muchas veces sin saberlo. Si aceptamos que la vista se deteriora y usamos anteojos, ¿por qué aceptamos que el 80% de los mayores con caídas inexplicadas repetidas presente alteraciones vestibulares significativas sin recibir un diagnóstico preciso?
El gran peligro de esta condición es su naturaleza engañosa. Existe el mito de que el problema del oído siempre se manifiesta con vértigo rotatorio. La realidad es que una proporción inquietante de pacientes no refiere mareos; describen «inestabilidad» o que «el suelo se mueve». De hecho, estudios recientes indican que el 61% de las personas mayores que ya han sufrido una caída presentan una disfunción vestibular objetivable, y casi la mitad de ellos no presentaba queja alguna de mareo previo. Esperar a que el paciente pida ayuda por vértigo es, en términos prácticos, es llegar tarde a la prevención.
Actualmente, nuestro sistema de salud cuenta con el Examen Médico Preventivo del Adulto Mayor (EMPAM). Si bien sus pruebas de marcha son un primer filtro valioso, la ciencia moderna nos advierte que son insuficientes: las pruebas subjetivas no logran diferenciar correctamente a pacientes con patologías vestibulares de controles sanos. Necesitamos integrar de forma urgente herramientas objetivas y costo-eficientes, como el video Head Impulse Test (vHIT). Estas tecnologías permiten medir en pocos minutos la función de los seis canales semicirculares y los órganos otolíticos, detectando fallos orgánicos que ningún test clínico simple puede visualizar.
La buena noticia es que la detección temprana tiene resultados contundentes. La rehabilitación vestibular no es solo una alternativa, es una solución probada: ensayos clínicos demuestran que protocolos específicos pueden reducir la media de caídas anuales de 11 a tan
solo 3 en pacientes de alto riesgo. No se trata solo de medicina; se trata de economía de la salud. Es infinitamente más rentable invertir en diagnósticos precisos realizados por equipos especializados —médicos ORL, fonoaudiólogos, kinesiólogos y tecnólogos médicos— que costear las consecuencias devastadoras de una fractura de cadera.
Chile se encuentra en una encrucijada demográfica. Nuestra población envejece y no podemos permitir que ese envejecimiento sea sinónimo de postración. La medicina vestibular tiene las herramientas; lo que falta es que el sistema de salud las use. Hoy demandamos voluntad política para que el screening de caídas sea un diagnóstico profundo y no un trámite superficial.
Dr. Carlos Guajardo Vergara, PhD.
Director del Diplomado en Medicina Vestibular
Escuela de Fonoaudiología, Universidad Austral de Chile