Como académico e investigador responsable de un proyecto Fondecyt enfocado en PISA Matemática en la Universidad Austral de Chile en la Sede Puerto Montt, contemplo los resultados de PISA 2025 no como una simple ranking entre naciones, sino como un mapa indispensable para diagnosticar las fortalezas y urgencias de nuestra educación. Con una muestra representativa de más de 760.000 estudiantes en 91 economías, la medición nos devuelve una imagen global preocupante, caídas acumuladas desde 2015 en Lectura y Matemática a nivel OCDE, los efectos ambivalentes de pantallas e Inteligencia Artificial—donde prescindir de chatbots favorece el logro y la interacción docente—y una escasez crítica de profesores que castiga al 40% de los colegios. Asimismo, la evidencia confirma que mayores presupuestos, como en Luxemburgo, no garantizan excelencia sin decisiones estratégicas de inversión.
Con promedios de 442 puntos en Ciencias, 436 en Lectura y 403 en Matemática, nuestro sistema mantiene un rezago profundo respecto a la OCDE, acentuado por caídas recientes en Lectura y Matemática. Hoy, casi tres de cada diez jóvenes no alcanzan competencias básicas simultáneas en las tres áreas, y en Matemática el panorama es crítico: un 59% de los estudiantes no logra el nivel mínimo de alfabetización matemática, mientras que la brecha de género desfavorece a las mujeres en 18 puntos. En términos de escolaridad equivalente, nuestras y nuestros estudiantes enfrentan un retraso de dos años en Ciencias, un año y cuarto en Lectura y tres alarmantes años en Matemática frente a los países desarrollados. Sin embargo, en medio del desaliento emergen oasis de profunda resiliencia. El rendimiento en Ciencias se mantuvo estable respecto a 2022 y un 13,5% de los estudiantes en situación de vulnerabilidad logró situarse en el cuartil superior de rendimiento, superando la tasa de resiliencia de la propia OCDE. A esto se suma que Chile lidera América Latina en Ciencias Ambientales con 442 puntos, impulsado por un abrumador 68,7% de estudiantes deseosos de trabajar en carreras verdes y de protección del entorno. Este genuino interés ecológico representa un capital vocacional de incalculable valor para dinamizar proyectos sobre sostenibilidad local.
PISA 2025 no debe transformarse en una herramienta para castigar a los profesores ni en alimento para titulares desoladores. El verdadero camino hacia la equidad exige transformar el aula: erradicar la memorización pasiva, privilegiar la profundización conceptual sobre la cobertura acelerada del currículo, regular las distracciones tecnológicas, respaldar la formación continua del profesorado y aliviar su sobrecarga administrativa. Es momento de traducir el talento y la resiliencia de nuestras aulas en políticas educativas de Estado robustas, equitativas y con sentido de futuro.
Dr. Felipe Almuna Salgado
Director de Investigación de la Universidad Austral de Chile (UACh) en la Sede Puerto Montt
Académico del Instituto de Especialidades Pedagógicas. Actualmente, lidera como investigador responsable un proyecto Fondecyt de Iniciación de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) enfocado en PISA Matemática.

